¿Qué significa que Dios es amor?

Dios es amor, pero quizá no el tipo de amor que nosotros imaginamos...

Todos tenemos una idea diferente de lo que es el amor. Dependiendo de las circunstancias en las que crecimos, o lo padres que tuvimos, o los descalabros en las relaciones, todos nos hemos hecho una imagen de lo que es el amor. Y muchas veces, traspasamos estas ideas directamente a nuestra relación con Dios. Si Dios es amor—pensamos—seguramente su amor se parece a la versión que tenemos del tal.

La Biblia declara abiertamente que Dios es amor. No es que Dios posea amor como una cualidad, sino que la esencia misma de Dios es el amor. Todo lo que Dios hace lo hace por amor. Sin embargo, el amor de Dios no es el sentimiento tierno con que nosotros asociamos el amor. Por supuesto que Dios es tierno con nosotros y "sentimos" su amor, pero su amor va mucho más allá que un simple sentimiento de simpatía hacia nosotros. Su amor es tan profundo que resulta siempre en darse a sí mismo por nosotros.

El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
1 Juan 4:8

Todos los atributos de Dios deben ser entendidos a la luz de su amor. Así, su compasión, su justicia, su santidad, su poder, su majestad, su belleza, su omnipotencia, su omnisciencia, su omnipresencia, son todas vistas y comprendidas a la luz de la perfección de su amor. En él hay compasión amorosa, justicia amorosa, santidad amorosa. Su poder es el poder su amor, su majestad es la majestad de su amor, su belleza es la belleza de su amor. Él está siempre presente en amor, todo lo conoce en amor, todo lo puede en su amor.

En esta última semana de nuestros 40 Días de oración, al iniciar el primer día de la semana, toma un momento para recibir el amor infinito de Dios en Cristo Jesús.

Reconciliados para Reconciliar

No hay nada tan dulce como la reconciliación...

Todos hemos estado ahí. En el momento cuando los puentes se bajan, cuando las barreras se derrumban, cuando se abren las puertas. La separación pudo haber sido dolorosa, pero la reconciliación es dulce. En ese momento nos damos cuenta que nada era tan importante como para estar separados... en un sentido, la reconciliación es como volver a vivir.

Sin embargo, tan hermosa como la reconciliación con otros pueda ser, no se compara con aquella que los que creemos en Cristo hemos experimentado. No solo estuvimos separados de Dios por estar disgustados; ni siquiera estuvimos lejos de él porque no podíamos acercarnos. Estábamos muertos en nuestro pecado cuando él nos dio vida en Cristo. La reconciliación con Dios no es sólo el acto de acercarse a él, sino el milagro de recibir su vida.

Pero, ¿te gustaría saber algo aún más impresionante? Dios, al reconciliarnos con él, nos ha invitado a participar de este mismo misterio. Dios nos ha llamado, como su pueblo, a participar con él en el ministerio de la reconciliación. Nos invita a llamar a otros, a persuadir a otros, a rogarle a otros que se reconcilien también con él.

Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación
2 Cor 5:17-18

Esto es precisamente lo que la Escritura nos dice, que en la nueva creación de Dios—en la nueva era de Dios—él mismo nos reconcilió en Cristo y nos invita a participar del ministerio de la reconciliación.

Los que Trastornan el Mundo

Los insultos que los cristianos recibían tenían una razón...

Todo era verdad. A los cristianos del primer siglo se les acusaba de nivelar la sociedad, de amar a los indeseables, de traicionar al imperio, ¡y hasta de ateos! Lo más curioso es que todas estas acusaciones eran ciertas. Los cristianos habían hecho fama de trastornar los poderes sociales, económicos y religiosos de su tiempo. El evangelio había transformados individuos—hombres y mujeres—que estaban cambiando sus comunidades.

Así como Pablo en Tesalónica, los cristianos de hoy somos llamados a "alterar" el orden del mundo. Pero, ¿cómo hacemos esto? Seguramente no es rebelándonos contra las autoridades o causando problemas en nuestros vecindarios, sino más bien siendo fieles al mensaje del evangelio. En un mundo donde gobiernan el rechazo, la división, la violencia, el racismo y más, los cristianos somos llamados a un estilo de vida opuesto: Somos llamados a transformar el mundo a través del perdón, la reconciliación, el amor y hasta el sufrimiento. El evangelio transforma el mundo porque ha transformado nuestros corazones.

¿Qué tipo de cosas debieran ser transformadas si el evangelio llegara a nosotros, a la comunidad en que vivimos? ¿Qué nuevas cosas ocurrían y que viejas cosas desaparecerían? ¿Qué tipo de realidad comenzaría a ocupar la realidad presente? Pongamos estas preguntas en oración y dejemos que Dios obre transformando nuestras familias y comunidades.

No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor; nosotros no somos más que servidores de ustedes por causa de Jesús.
2 Cor 4:5

La Gente no Quiere Creer

La gente no quiere creer en el evangelio...

Eso es lo que asumimos la mayoría de nosotros. "Cada vez hay menos fe; cada vez hay más maldad; la gente no está interesada en las cosas de Dios." Esas son las quejas más comunes cuando hablamos de compartir el evangelio. Implícitamente estamos admitiendo que el mensaje redentor—el plan de Dios para salvar al mundo—ha perdido su efectividad.

Pero, ¿realmente es eso lo que sucede? ¿De verdad las personas no quieren escuchar el evangelio? Quizá haya otra razón por la cual la gente no crea. Y la Escritura lo pone de una manera muy clara: ¿Cómo creerán si no hay quién les predique? (Rom 10:14-15). ¡La Biblia no pone en duda el poder del mensaje, sino la efectividad del mensajero!

Cuando Pablo llega a Tesalónica (Hechos 17) lo primero que hace, como es su prioridad, es buscar el lugar donde Dios parece estar obrando. Va a la sinagoga donde encuentra judíos que buscan a Dios y gentiles que desean conocer a Dios. El texto nos dice que Pablo pasa los siguientes tres sábados dialogando con ellos, explicándoles las Escrituras y presentados evidencias de la muerte y resurrección de Jesús. Al final de esas semanas Dios ha transformado a un puñado de personas que serán catalíticos para la transformación de una comunidad.

Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique?
Romanos 10:14

Las lecciones para nosotros son muchas y muy importantes: Dios sigue obrando en los corazones, el mensaje sigue siendo igual de efectivo, la necesidad es igual de grande... el compromiso de los mensajeros igual de crucial. Si la gente no quiere creer es porque quizá no están escuchando.

¿Puedes pensar en alguien con quien puedas pasar las siguientes semanas, meses, dialogando y compartiendo las Escrituras? ¿Por qué no levantas una oración por esa persona? El Espíritu que obró antes tiene el mismo poder y deseo de obrar hoy.

¿Realmente Funciona?

A veces nos preguntamos si realmente funciona...

Seguramente tú lo has hecho. Al ver las injusticias y el mal, al esperar por cambios que nunca llegan, al luchar con ciertas áreas de tu carácter o del pecado que parecieran aferrarse a tu vida. ¿Realmente funciona el evangelio?

Hemos escuchado tantas veces que el evangelio cambia nuestras vidas, que cuando no ocurre comenzamos a dudar de su eficacia. Nos enfrentamos a situaciones que rebasan nuestra capacidad de comprenderlas—tragedias, pérdidas, maldad—y nos sentimos frustrados porque pareciera como que el mensaje en el que creímos pierde su poder.

Sin embargo, el poder del evangelio no reside solo en transformar el mundo que nos rodea (aunque eso es también parte de su poder). El poder del evangelio reside en que resucita el corazón de quien escucha el mensaje. El evangelio es transformador porque lleva a las personas de muerte a vida, de la oscuridad a la luz, del reino de las tinieblas al reino del amado Hijo de Dios.

A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen
Romanos 1:16

Esta obra transformadora debe comenzar en ti. Antes de que los resultados se vean en otros, antes de que cambie tu situación... antes de que puedas ver cualquier cambio exterior, el evangelio habrá obrado en ti el mayor milagro de Dios: darte vida.

Comienza esta semana permitiendo que el poder del evangelio sea efectivo en tu vida. Si no has recibido el mensaje hazlo hoy. Si lo has hecho, continua permitiendo que su poder afecte cada área de tu vida. Vive de tal manera que demuestres la eficacia del evangelio y el poder y la presencia de Dios en ti.

Vive de tal manera que demuestres la eficacia del evangelio y el poder y la presencia de Dios en ti.

Mira Hacia la Cruz

Todos los que hemos tratado de servir a Dios sabemos esto...

La oposición es inevitable. De hecho, es el resultado de amar al mundo de la manera como Dios lo hace.
La oposición es dolorosa. Basta con intentar amar a quienes no nos aman o tratar de comunicar el mensaje que no quieren escuchar para experimentar algo de ese dolor.
La oposición es una oportunidad. Inevitable y dolorosa, sin embargo, la oposición es el campo donde Dios siembra sus semillas de vida.

Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien, por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.
Hebreos 12:2

Muchas veces vemos la oposición y la hostilidad en el mundo como algo malo para nosotros—como algo de lo que debemos huir—cuando es en realidad el campo donde Dios está operando. Es en la arena del mundo hostil donde encontraremos la victoria que Cristo promete. La hostilidad del mundo no es una señal de que Dios no está trabajando, sino una confirmación de que ya lo hizo.

Nos preguntamos cómo es esto posible. ¿Cómo podemos ver la oposición y las pruebas como una oportunidad? ¿Verdaderamente podemos confiar que Dios está obrando aún cuando no somos capaces de ver los resultados? ¿Aún cuando es doloroso? Y es entonces cuando volteamos a ver la cruz.

La mayor de las hostilidades ocurrió allí. El más grande de los ataques, la peor de las violencias, la más increíble injusticia fue en contra del Hijo de Dios en la cruz. Irónicamente fue esa también la mayor obra de Dios, la mayor demostración de amor, la mejor forma de vencer los poderes de este mundo. Cuando Cristo estaba siendo crucificado no era porque Dios no estaba obrando... era porque Dios estaba finalizando la obra.

¿Estás enfrentando oposición por servir a Dios? ¿Sientes que no vale la pena seguir? Quizá has experimentado dolor y sufrimiento por tu fe en Jesucristo. Mira hacia la cruz y recuerda que cuando parece que Dios no está hace, es quizá porque ya está finalizando su obra.

La Prueba de la Fe

Las pruebas son el común denominador en nuestro caminar con Dios...

No son accidentes en el camino. Son señales que nos apuntan (y a otros) hacia algo... más bien hacia Alguien. Nuestra fe—por ser más preciosa que el oro—debe ser probada en el horno de la prueba. Sin embargo, este proceso no tiene el fin solo de probar nuestra fe, sino más bien de purificarla.

La oposición que enfrentamos en el mundo no es únicamente porque hemos creído el mensaje del evangelio, sino porque deseamos que todos vengan a este conocimiento. Un cristiano que no tiene conflictos con nadie quizá no esté siendo sincero con su propia fe, o tal vez su fe se haya vuelto un "asunto personal." En el momento en que comenzamos a confrontar a quienes nos rodean con el mensaje de Cristo, los problemas son inevitables.

A pesar de esto, Dios no nos exenta de nuestra responsabilidad de proclamar a Cristo; por el contrario, nos anima a que regresemos a los lugares donde la luz aun no brilla. Tal como Elías debió regresar a enfrentar a la reina y su mundo, nosotros también somos llamados a regresar a un mundo que rechaza nuestro mensaje.

Pero, ¿cómo hacemos esto? ¿Cómo compartimos con las personas un mensaje que tal vez no quieren oír? ¡Con amor! Con paciencia y aun sufrimiento, considerándonos dignos de participar un poco en los sufrimientos de Cristo por nosotros. La respuesta no está en escondernos, ni tampoco está en atacar a las personas. La respuesta está en aprender a sufrir bien por causa del evangelio.

Piensa en las situaciones que has estado evitando para no caer en contradicción con otros por el evangelio. Piensa en las oportunidades que has dejado pasar por no "ofender" la sensibilidad de otros. Pídele al Espíritu Santo que purifique tu fe y la fortalezca para poder proclamar con valor a Cristo.

Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución;
2 Timoteo 3:12

¿Qué haces Aquí?

¿Que haces aquí, Elías?

El profeta había llegado casi al final de sus fuerzas. Deprimido y cansado deseó morirse debajo de un arbusto en el desierto. Nada parecía marchar bien—su vida en peligro, el pueblo en rebeldía, los profetas muertos—y hasta lo que antes fue un deleite ahora se veía como una terrible carga. "Me consume mi amor por ti, Dios todopoderoso... pero todo sale mal."

La hostilidad del mundo hace que olvidemos lo que antes Dios ha hecho. Se nos olvida muy pronto de dónde nos ha sacado el Señor, cómo nos rescató en innumerables ocasiones, cuánto ha hecho en y a favor de nosotros. La presión que ejerce un mundo hostil opaca nuestra imagen de Dios y nos hace perder la esperanza... a veces al punto de querer abandonarlo todo.

Sin embargo, Dios nos lleva a encontrarnos con él en los momentos más oscuros. ¡En la noche del alma la luz de Dios nos resplandece! "¿Qué haces aquí, Elías?" Y con esa pregunta inicia un proceso reflexivo en el que descubrimos—o más bien nos revela—lo que hay en nuestros corazones. Nos damos cuenta que no llevamos el mundo a cuestas, que la carga no es nuestra, que no estamos en control. El motivo de su pregunta no es para recibir un reporte, es para descubrir lo que hay en nuestro corazón.

La primera vez que Dios pregunta "¿Qué haces aquí?" es para descubrir lo que hay en el corazón de Elías. La segunda vez que pregunta es para descubrirle que Dios está en control y sigue obrando aún en lugares donde pareciera imposible. La primera vez es para que Elías descubra que Dios reina en el caos que hay dentro de él. La segunda es para que descubre que Dios reina en el caos que hay afuera.

Mira en tu interior y descubre el lugar secreto donde Dios quiere encontrarse contigo. Mira hacia afuera y descubre el lugar donde Dios quiere encontrarse con la gente. Ahora responde: ¿Qué haces aquí?

Más tarde, la palabra del Señor vino a él. ―¿Qué haces aquí, Elías? —le preguntó.
1 Reyes 19:9

No Todo es Color de Rosa

Todos estamos conscientes que el mundo en que vivimos es hostil al cristianismo...

Esa no es una sorpresa para ninguno de nosotros. La naturaleza del mensaje del evangelio nos pone en contradicción directa con el mundo: con sus valores, con sus ideales, y a veces hasta con las personas. Como dijera alguien acertadamente que "la característica principal de la vida cristiana es el sufrimiento."

Pero, ¿por qué? ¿No sería mejor que Dios nos hiciera vivir en un mundo donde no tenemos que batallar más con estas cosas? Sería mejor—pensamos—que Dios se encargara de una vez y para siempre de nuestros problemas y así podríamos ser felices. Desafortunadamente, los planes de Dios no incluyen nuestra "felicidad," sino nuestro crecimiento. Si algo nos fue revelado acerca de Dios en Jesucristo es que nuestro Dios es un Dios que sufre. Vino en debilidad, vivió en debilidad, murió en debilidad.

Sin embargo, esta debilidad es también la mayor demostración de su poder. Su poder no está limitado—como el profeta Elías lo comprendió—al viento fuerte y al terremoto y al fuego. Su poder está en el silbido apacible. El poder de Dios es tan grande que pudo manifestarse como un siervo.

Dios no nos ha dado una estrategia para sobrevivir, sino una promesa para vivir. No es un método, sino una Persona lo que nos sostiene en los momentos difíciles.

La vida no es color de rosa. Pero tampoco Cristo nos prometió ese tipo de vida, ni siquiera él mismo vivió ese tipo de vida. Al enfrentar las dificultades del mundo debemos recordar que Dios no nos ha dado una estrategia para sobrevivir, sino una promesa para vivir. No es un método, sino una Persona lo que nos sostiene en los momentos difíciles.

Dios nos llama a ministrar en este mundo de hostilidad. Dios no desea que nos escondamos, ni que huyamos, sino que enfrentemos las prueba en fe y confianza en él. Inicia esta semana en oración. Cualquier dificultad que encuentres puedes estar seguro que su promesa y su presencia son suficientes.

Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.
Juan 16:33

 

 

Monopolio de la Gracia

La gracia de Cristo es suficiente para cubrir cualquier situación...

¿Qué sucede cuando un paralítico, un recaudador de impuestos y unos atolondrados discípulos tienen un encuentro con Jesús? Su gracia los cambia por completo. A diferencia de los fariseos—que se creían justos en su propia opinión—las personas que reconocieron su impotencia y debilidad siempre encontraron en Jesús gracia suficiente.

Si algo era chocante para los líderes religiosos era que Jesús parecía no hacer acepción de personas. Lo mismo tocaba a un leproso, que comía con un usurero; lo mismo abrazaba a una prostituta que se sentaba a la mesa con un maestro de la ley. La gracia de Cristo es tan abundante que no hay condición humana que pueda frenarla o agotarla. Solo aquellos que se engañaban creyéndose superiores no podían beber de la fuente de su amor.

Para los líderes religiosos de su tiempo la gracia de Cristo era escandalosa, inapropiada y barata. Ellos consideraban que algunas personas en su comunidad no eran dignas de compasión, pero sobretodo creían que una persona debía ser tan buena y justa como ellos para alcanzar el favor de Dios. En su intento por no abaratar la santidad de Dios habían monopolizado la gracia.

Al oírlos, Jesús les contestó: ―No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Y yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.
Marcos 2:17

Desafortunadamente este no es un problema de fariseos y escribas únicamente. Todos nosotros, en algún momento, pensamos que tenemos suficiente crédito en el banco de la santidad como poder hacer juicios en cuanto a la vida de otros. Olvidamos que un día, nosotros también, estuvimos en la banca rota espiritual; si no hubiera sido por la gracia de Cristo seguiríamos muertos en delitos y pecados.

Al reflexionar en la obra de Cristo entre nosotros piensa en aquellas personas que parecen menos merecedores de su gracia. Ahí encontrarás a Jesús disfrazado de mendigo, de indigente, de rechazado y de pobre. Esos—los que evidentemente necesitan un médico—son a quienes el Señor esta buscando.

Todopoderoso y eterno Dios, aumenta en nosotros tus dones de fe, esperanza y amor; y para que obtengamos tus promesas, haz que amemos lo que mandas; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amen.

¿Yo Soy el Prójimo?

Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y: Ama a tu prójimo como a ti mismo.
Lucas 10:27

Jesús confrontó al hombre con una profunda verdad acerca de sí mismo...

La escena es muy familiar. El maestro de la Ley se presenta ante Jesús para probarlo. Casi podemos ver las malas intenciones, el deseo de atrapar a Jesús en la dicotomía moral de amar a Dios o amar al prójimo. ¡Y ciertamente el prójimo no puede ser cualquier pecador! El Señor le responde con la  historia conocida como el Buen Samaritano... y lo que le dice lo deja completamente pasmado.

Al final de la conocida historia en la que la injusticia y el sufrimiento humano, en vez de mover a otros a compasión los mueve al rechazo; en la que aquellos que debían prestar atención decidieron ignorar; y en la que de quien menos se esperaba—un samaritano—se convierte en el actor principal; Jesús revierte la pregunta del maestro de la ley revelando uno de los secretos más grandes de la Escritura. No se trata de buscar a un prójimo a quien amar. Se trata de SER el prójimo que sabe amar.

Según la pregunta que Jesús le hace al hombre para concluir, el prójimo no es la persona que vive a nuestro lado. Tampoco son las personas que consideramos dignas o no de nuestra compasión. Según Jesús, el prójimo soy yo... y eso se demuestra con compasión. "¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? ―El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley. ―Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús." (vv. 36-37)

¿Por qué no tomas un momento de reflexión en oración y le pides al Señor que te muestre si estás siendo un buen prójimo? Si estás prestando atención a los dolientes que están al lado del camino.

Señor, revela en mi corazón si estoy siendo un buen prójimo. Te pido perdón por las veces que he ignorado a aquellos que más me necesitan, por estar demasiado ocupado con mi vida. Hazme como el buen samaritano. Llena mi corazón de compasión y amor por aquellos al lado del camino que más te necesitan."Amén.

Lo Que a Dios le Atrae

Jesús caminaba entre ellos, comía con ellos, los tocaba...

¿Quiénes eran esto con quienes Jesús pasaba su tiempo? Uno podría pensar que Jesús estaba interesado en sentarse a platicar con los sabios de su tiempo, con los líderes religiosos, con la gente bien. Cuando leemos la vida de Jesús en los evangelios nos sorprendemos de quiénes eran las personas con las que Jesús decidió juntarse. Todos caben en una categoría: los quebrantados de corazón.

Los judíos no podían concebir la idea de un Mesías como Jesús. En su mente, la idea del Mesías era la de un líder poderoso, un conquistador, un caudillo libertador que poco o nada tenía que ver con los pobres o los pecadores. El Mesías, en su mente, era la imagen pura del poder y la realeza que venía a poner a todos en el lugar que les correspondía. Nunca se imaginaron que este Mesías venía en debilidad y buscaba a los débiles.

La debilidad humana es el clamor que Dios escucha. Jesús, como ayer, se mueve hoy entre los quebrantados de corazón, los rechazados por la sociedad, los marginados por el poder, los invisibles e intocables. La Biblia no separa la salvación del hombre en alma y cuerpo, espíritu y mente. Jesús vino a restaurar la dignidad del ser humano y darle el lugar que Dios mismo había diseñado sin importar su condición social, migratoria, económica o física. Si queremos conocer dónde camino Cristo, miremos hacia los más marginados en nuestra sociedad... ahí lo encontraremos con ellos.

¿Dónde están esas personas hoy? Si no los ves, es quizá porque no estás viendo con los ojos de Cristo. Aquel que se encarnó, vivió y murió en completa debilidad, caminó con los débiles y los pobres de la tierra. ¿Debemos hacer lo mismo?
 

El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor.
Lucas 4:18-19

¿A qué nos llama Jesús?

Vengan, síganme —les dijo Jesús—, y los haré pescadores de hombres.
Marcos 1:17

Síganme—les dijo—y yo los haré...

Las palabras de Jesús hacían eco en los oídos del viejo pescador, en los de los ambiciosos hermanos, en los del odiado colector de impuestos. "Síganme" fue una invitación no solo a creer, sino a pertenecer. El evangelio es principalmente una invitación a caminar con Jesús. Una invitación a ser parte de una nueva comunidad. Desde ese momento, estos hombres y mujeres lo dejaron todo—sus ocupaciones, sus amistades, sus familias, sus sueños—porque entendieron muy bien lo que Jesús quería: formar una nueva comunidad de personas... un pueblo para Dios

Estas personas, los hombres y mujeres que siguieron a Jesús, no eran candidatos perfectos para ser elegidos. De hecho, eran más bien personas que no eran dignos de ese llamado, personas que según nuestros estándares y juicios no calificarían para ser parte del grupo. ¡Pero eso éramos todos nosotros! Nunca fuimos dignos de su llamado, sin embargo, Dios tuvo misericordia de nosotros y nos salvó. De la misma manera, Cristo camina por nuestros vecindario hoy invitando personas a ser parte del reino de su Padre.

La forma principal en la que nos cambia es llamándonos a formar una nueva comunidad. En esta comunidad el cobarde aprender a ser valiente, el mezquino aprende a ser generoso, el rencoroso aprende a perdonar; en esta comunidad el rechazado encuentra amor, el huérfano encuentra familia, el pobre encuentra sustento y el sufriente consuelo. Si Jesús empieza a pasearse por este vecindario no tiene otro objetivo: El quiere que la gente—toda la gente—sea parte del pueblo de Dios. La bendición más grande que Dios nos ha dado en esta jornada es llamarnos a ser su pueblo.

¡Alerta... Ha Llegado!

Se ha cumplido el tiempo —decía—. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!
Marcos 1:15

Juan alertaba a otros de la llegada de Jesús...

No dejaba pasar la oportunidad. Cuando hablaba con la gente les enseñaba diciendo, "viene uno que es superior a mí." Cuando bautizaba en el río Jordán y lo vio pasar dijo: "Él los bautizará con el Espíritu Santo." Cuando lo vio pasearse por las calles dijo, "Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo." Juan veía como su tarea principal el alertar a otros de la presencia de Cristo.

Hay cientos de personas alrededor nuestro que no están conscientes de la presencia de Jesús. Sus ojos espirituales están cerrados y no pueden "ver" a Cristo. Para estas personas, la única esperanza es que alguien los alerte acerca de la llegada de esta nueva realidad... que alguien los haga conscientes de que un nuevo orden—el reino de Dios—está irrumpiendo en el orden de las tinieblas y el caos. Cuando Jesús comenzó a caminar por el vecindario, el reino de Dios invadió la tierra. Sin embargo, es necesario que así como Juan, nosotros también alertemos a otros de la llegada de Jesús.

El evangelio de Jesús es el evangelio del reino. Este reino—la realidad de que Dios está restaurando y redimiendo todas las cosas en él mismo—es un mensaje demasiado grande como para que lo escondamos. Debemos dejar de pensar en el evangelio como nuestro boleto para ir al cielo. Ser cristiano es mucho más que soñar con ir al cielo, es traer el cielo a la tierra.

Al comenzar nuestra segunda semana de oración preparemos nuestras vidas para convertirnos en personas que alertan a otros de la llegada del Reino. En esta semana enfocaremos nuestra oración en pedirle a Dios que nos presente oportunidades para proclamar a Jesús. Piensa en algunas personas a quienes pudieras compartirles el evangelio. Eleva una oración por ellos y por ti.

Dios todopoderoso y eterno, el evangelio de tu Hijo Jesucristo es la esperanza de este mundo. Te pido este día por _______________________. Te ruego que tu Espíritu incomode su vida para que se acerque a ti. Señor, úsame para alertar a mis amigos, familiares y vecinos de la llegada de tu reino. Te lo pido por los méritos de tu Hijo Jesús que reina contigo y con el Espíritu Santo. Amén.

Gracias a Dios es viernes... ¡pero el lunes ya viene!

«Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él. ¡Escúchenlo!»
Mateo 17:5

Los discípulos estaban aterrados...

Jesús los había llevado a la cima de una montaña donde habían tenido una experiencia increíble. Habían visto a Jesús transfigurarse tomando su forma divina mientras Moisés y Elías hablaban cada uno a su lado. Estaban tan asombrados con el momento que desearon poner una tienda para quedarse ahí. Sin embargo, tal y como la experiencia vino así también se fue.

De repente, ya no había nadie. Solo Jesús quedaba. Una voz desde la nube les dijo algo que cambiaría sus vidas para siempre: "Este es mi Hijo amado; a él escuchen." La voz no hizo referencia a Moisés, ni a Elías; no hizo referencia a la magnitud de la revelación del Cristo transfigurado... "Este es mi Hijo... a él escuchen."

Cuando hablamos de descubrir lo que Dios está haciendo en nuestra vida nuestros ojos solo deben ver hacia un lugar. No es en las grandes experiencias con Dios donde discernimos su obra; no es en las grande manifestaciones de su poder cuando percibimos su intervención. Es en el Hijo. Es en la invitación que Dios nos ha hecho de caminar con su Hijo—en las buenas y en las malas, en los éxitos y en los fracasos—en que nos damos cuenta realmente lo que Dios está haciendo.

Los discípulos no pudieron quedarse en la montaña como ellos querían. Tuvieron que bajar a enfrentar el embrollo de la vida cotidiana, de la rutina, de los problemas y demandas diarias. Pero Jesús tampoco se quedó en la montaña. Caminó con ellos en lo mundano de sus ocupaciones y le dio un toque celestial a todo lo que hacían. ¡Gracias a Dios que es lunes! Porque de lunes a domingo el Señor camina con nosotros.

Hoy que llegamos a los primeros cinco días de nuestra jornada de oración hazte esta pregunta: ¿Dónde he visto a Dios manifestarse en las cosas cotidianas? ¿Por dónde ha estado caminando Jesús? La antigua oración de la iglesia es quizá un buen lugar para comenzar.

Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo has revelado tu gloria a todas las naciones: Mantén las obras de tu misericordia; a fin de que tu Iglesia, esparcida por todo el mundo, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu Nombre; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 



 

 

Más que una Oración

Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.”
Mateo 7:7-8

Jesús les enseñaba a orar diferente...

Para los discípulos, la oración era aquella actividad que tenían que cumplir como buenos y piadosos judíos. Se habían acostumbrado a una vida de oración marcada por las repeticiones sin sentido y las fórmulas sin resultado. Jesús los introduce a un nuevo paradigma. Les enseña que orar es más que decir palabras: es un proceso de transformación.

Casi todos nosotros estamos acostumbrados a ver la oración como una transacción de negocios. Yo pido, Dios da; yo hablo, Dios escucha; yo informo, Dios anota. Cuando lo vemos de esa manera, nuestras oraciones se convierten en un requisito que debemos cumplir... en la pequeña cuota que pagamos para que Dios esté contento con nosotros y nos de lo que pedimos.

Sin embargo, esa no es la manera en que Jesús modelaba y enseñaba la oración. Para Jesús, la oración era el proceso en el cual nuestro corazón era transformado hasta amoldarse a la voluntad del Padre. "Pidan, busquen, toquen." Cada una de estas actividades requiere paciencia y espera. Requiere desarrollar la virtud de la perseverancia.

La perseverancia representa todo lo opuesto de la cultura en que vivimos. En una época donde se nos garantiza la rapidez—la comida rápida, el envío expreso, la gratificación instantánea—pasar más de unos minutos esperando e insistiendo nos parece injusto. Sin embargo, para conocer la obra de Dios en nosotros, y para comprender más profundamente su voluntad, debemos aprender a perseverar.

El resultado de la perseverancia no es recibir todo lo que pedimos, sino la bendición de un corazón transformado. ¿Qué tan importante es tu deseo de conocer a Dios? ¿Merece más de tu tiempo, de tus días, de tu vida? Acércate en oración este día. "Padre, enséñame a perserverar. Enséñame la virtud de permanecer en ti sin esperar otra cosa que un corazón transformado."

Una Vida Apurada

Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar.
Marcos 1:35

Muy de mañana se levantó y se fue a un lugar solitario...

Todavía estaba oscuro. Todavía los discípulos dormían. El día no comenzaba aun para otros, pero Jesús ya iba en camino a su cita más importante del día: el encuentro con su Padre.

Los evangelios nos dicen que Jesús pasaba mucho tiempo ministrando a otros, predicando el evangelio del reino, sanando enfermos y muchas cosas más. ¡Tenía tanto trabajo que a veces no tenían tiempo ni para comer! Sin embargo, Jesús nunca faltó al momento más importante de su vida. Aún la noche antes de su muerte, sabiendo que estaba a punto de ir a la cruz, se apartó para estar a solas con el Padre.

Nuestros días están ocupados con infinidad de tareas y responsabilidades. No tenemos suficiente tiempo para hacer las cosas que son importantes y regularmente vivimos esclavos de lo urgente. La maldición de la vida moderna es una existencia apurada. En nuestro afán de aprovechar cada oportunidad, de no desperdiciar el tiempo, de trabajar unas cuantas horas extras—de llenarnos de actividades para darle valor a nuestra vida—hemos olvidado la práctica de estar a solas con Dios.

La mayoría de nosotros vivimos con un déficit de tiempo. "Si tuviera más tiempo. Si no tuviera tantas responsabilidades, entonces pudiera dedicar algún tiempo para estar a solas con Dios." Olvidamos que el día de Jesús tenía también 24 horas, y su semana 7 días. Aun así, encontró el tiempo para practicar el silencio y la soledad con Dios. Si Cristo lo necesitaba y lo practicaba, ¿qué nos hace creer que nosotros podemos vivir de otra manera?

¿Por qué no apartas un momento para estar a solas con Dios hoy? Quizá la madrugada ya pasó, pero tal vez la hora del almuerzo pueda acortarse unos minutos. Hoy no pidas nada. Deja que Dios hable. Hoy no esperes "lograr" algo. Permanece en silencio ante él.

¿Por dónde comenzamos?

Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.
Juan 5:39

No sabían ni dónde comenzar a buscar...

Comenzaron a interrogar a Jesús pues querían saber por qué daba testimonio de sí mismo. ¡Buscaban una manera de desacreditar lo que Jesús hacía! Lo que era evidente para otros, para ellos parecía algo completamente extraño.

Curiosamente, Cristo no les pide otra cosa sino que escudriñen las Escrituras. Estas—dice el mismo Jesús—son las que certifican, las que dan testimonio... las que revelan la obra de Dios y de Cristo. En otras palabras, si queremos entender lo que Dios está haciendo debemos comenzar por las Escrituras.

En una era de tecnología en la que la capacidad de concentración se ha reducido a los 30 segundos que duran los videos en las redes sociales, pasar tiempo conociendo a Dios a través de su Palabra puede sonar como un imposible. ¿Quién tiene tiempo para leer por más de 5 minutos? Hemos perdido la virtud de meditar en las Escrituras, de contemplar las obras portentosas de Dios en su Palabra. Como consecuencia, hemos ido perdiendo la capacidad de encontrarnos con Dios en ellas.

Una de las mejores prácticas espirituales que uno puede desarrollar en su vida es la práctica diaria de leer las Escrituras. Quizá piensas que es algo muy difícil, pero como todas las cosas, un pequeño esfuerzo rendirá buenos frutos a largo plazo. ¿Por qué no inicias hoy? ¿Por qué no buscas a Dios en el lugar correcto y comienzas con la Biblia? Descubrirás no solo un tesoro de sabiduría y fortaleza, sino también al Salvador que te espera ahí con los brazos abiertos.

Ora al Espíritu Santo para revele a Cristo a través de la Palabra. Pídele también que te transforme a través de su lectura. Deja que el Espíritu hable a tu vida... él siempre hablará de Cristo. "Dios, abre mis ojos espirituales para encontrarme con Cristo. Abre mis oídos para escuchar la voz de tu Espíritu. Revela tu Palabra. Revela a Aquel que es tu Palabra, al Verbo de Vida."

 

¿En qué está trabajando Dios?

Pero Jesús les respondía:
―Mi Padre aún hoy está trabajando, y yo también trabajo. Juan 5:17

Sus enemigos estaban furiosos...

Jesús acaba de romper la ley del día de reposo al sanar a un hombre que había estado paralítico por treinta y ocho años. Resulta casi cómico pensar que estos hombres estaban más preocupados por un hombre acarreando su camilla en sábado, que por el increíble milagro que acababa de ser efectuado por Jesús.

¿Cuál era su problema? ¿Acaso no veían que Dios había intervenido de una manera milagrosa en la vida de este hombre? ¿Acaso no habían notado que desde que Jesús comenzara a caminar por el vecindario las cosas habían empezado a cambiar? Sin embargo, esa era la terrible condición de sus corazones: estaban demasiado ocupados en ellos mismos—en sus agendas, en sus rituales, en sus negocios—como prestar atención a la obra de Dios. Si hubiesen estado prestando atención se hubieran regocijado con el hombre y es probable que se hubieran unido con Jesús en hacer más obras como esta.

Podemos juzgarlos todo lo que queramos por su falta de discernimiento, pero no podemos decir que somos muy diferentes. Nosotros, al igual que ellos, podemos perder de vista la obra de Dios. Podemos ocuparnos demasiado en nuestros negocios, en nuestras agendas y en nuestras actividades que ignoramos la obra de Dios en medio nuestro. ¿Qué pasaría si Jesús empezara a caminar por nuestro vecindario? ¿Qué cosas comenzarían a cambiar? Y más importante, ¿prestaríamos atención para poder unirnos?

Al inicio de estos 40 Días de Oración presenta a Dios esta simple pero poderosa petición: "Dios permíteme ver tu obra para poder unirme a lo que tú estás haciendo."