Una Vida Apurada

Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar.
Marcos 1:35

Muy de mañana se levantó y se fue a un lugar solitario...

Todavía estaba oscuro. Todavía los discípulos dormían. El día no comenzaba aun para otros, pero Jesús ya iba en camino a su cita más importante del día: el encuentro con su Padre.

Los evangelios nos dicen que Jesús pasaba mucho tiempo ministrando a otros, predicando el evangelio del reino, sanando enfermos y muchas cosas más. ¡Tenía tanto trabajo que a veces no tenían tiempo ni para comer! Sin embargo, Jesús nunca faltó al momento más importante de su vida. Aún la noche antes de su muerte, sabiendo que estaba a punto de ir a la cruz, se apartó para estar a solas con el Padre.

Nuestros días están ocupados con infinidad de tareas y responsabilidades. No tenemos suficiente tiempo para hacer las cosas que son importantes y regularmente vivimos esclavos de lo urgente. La maldición de la vida moderna es una existencia apurada. En nuestro afán de aprovechar cada oportunidad, de no desperdiciar el tiempo, de trabajar unas cuantas horas extras—de llenarnos de actividades para darle valor a nuestra vida—hemos olvidado la práctica de estar a solas con Dios.

La mayoría de nosotros vivimos con un déficit de tiempo. "Si tuviera más tiempo. Si no tuviera tantas responsabilidades, entonces pudiera dedicar algún tiempo para estar a solas con Dios." Olvidamos que el día de Jesús tenía también 24 horas, y su semana 7 días. Aun así, encontró el tiempo para practicar el silencio y la soledad con Dios. Si Cristo lo necesitaba y lo practicaba, ¿qué nos hace creer que nosotros podemos vivir de otra manera?

¿Por qué no apartas un momento para estar a solas con Dios hoy? Quizá la madrugada ya pasó, pero tal vez la hora del almuerzo pueda acortarse unos minutos. Hoy no pidas nada. Deja que Dios hable. Hoy no esperes "lograr" algo. Permanece en silencio ante él.