Gracias a Dios es viernes... ¡pero el lunes ya viene!

«Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él. ¡Escúchenlo!»
Mateo 17:5

Los discípulos estaban aterrados...

Jesús los había llevado a la cima de una montaña donde habían tenido una experiencia increíble. Habían visto a Jesús transfigurarse tomando su forma divina mientras Moisés y Elías hablaban cada uno a su lado. Estaban tan asombrados con el momento que desearon poner una tienda para quedarse ahí. Sin embargo, tal y como la experiencia vino así también se fue.

De repente, ya no había nadie. Solo Jesús quedaba. Una voz desde la nube les dijo algo que cambiaría sus vidas para siempre: "Este es mi Hijo amado; a él escuchen." La voz no hizo referencia a Moisés, ni a Elías; no hizo referencia a la magnitud de la revelación del Cristo transfigurado... "Este es mi Hijo... a él escuchen."

Cuando hablamos de descubrir lo que Dios está haciendo en nuestra vida nuestros ojos solo deben ver hacia un lugar. No es en las grandes experiencias con Dios donde discernimos su obra; no es en las grande manifestaciones de su poder cuando percibimos su intervención. Es en el Hijo. Es en la invitación que Dios nos ha hecho de caminar con su Hijo—en las buenas y en las malas, en los éxitos y en los fracasos—en que nos damos cuenta realmente lo que Dios está haciendo.

Los discípulos no pudieron quedarse en la montaña como ellos querían. Tuvieron que bajar a enfrentar el embrollo de la vida cotidiana, de la rutina, de los problemas y demandas diarias. Pero Jesús tampoco se quedó en la montaña. Caminó con ellos en lo mundano de sus ocupaciones y le dio un toque celestial a todo lo que hacían. ¡Gracias a Dios que es lunes! Porque de lunes a domingo el Señor camina con nosotros.

Hoy que llegamos a los primeros cinco días de nuestra jornada de oración hazte esta pregunta: ¿Dónde he visto a Dios manifestarse en las cosas cotidianas? ¿Por dónde ha estado caminando Jesús? La antigua oración de la iglesia es quizá un buen lugar para comenzar.

Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo has revelado tu gloria a todas las naciones: Mantén las obras de tu misericordia; a fin de que tu Iglesia, esparcida por todo el mundo, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu Nombre; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.