¿A qué nos llama Jesús?

Vengan, síganme —les dijo Jesús—, y los haré pescadores de hombres.
Marcos 1:17

Síganme—les dijo—y yo los haré...

Las palabras de Jesús hacían eco en los oídos del viejo pescador, en los de los ambiciosos hermanos, en los del odiado colector de impuestos. "Síganme" fue una invitación no solo a creer, sino a pertenecer. El evangelio es principalmente una invitación a caminar con Jesús. Una invitación a ser parte de una nueva comunidad. Desde ese momento, estos hombres y mujeres lo dejaron todo—sus ocupaciones, sus amistades, sus familias, sus sueños—porque entendieron muy bien lo que Jesús quería: formar una nueva comunidad de personas... un pueblo para Dios

Estas personas, los hombres y mujeres que siguieron a Jesús, no eran candidatos perfectos para ser elegidos. De hecho, eran más bien personas que no eran dignos de ese llamado, personas que según nuestros estándares y juicios no calificarían para ser parte del grupo. ¡Pero eso éramos todos nosotros! Nunca fuimos dignos de su llamado, sin embargo, Dios tuvo misericordia de nosotros y nos salvó. De la misma manera, Cristo camina por nuestros vecindario hoy invitando personas a ser parte del reino de su Padre.

La forma principal en la que nos cambia es llamándonos a formar una nueva comunidad. En esta comunidad el cobarde aprender a ser valiente, el mezquino aprende a ser generoso, el rencoroso aprende a perdonar; en esta comunidad el rechazado encuentra amor, el huérfano encuentra familia, el pobre encuentra sustento y el sufriente consuelo. Si Jesús empieza a pasearse por este vecindario no tiene otro objetivo: El quiere que la gente—toda la gente—sea parte del pueblo de Dios. La bendición más grande que Dios nos ha dado en esta jornada es llamarnos a ser su pueblo.