Lo Que a Dios le Atrae

Jesús caminaba entre ellos, comía con ellos, los tocaba...

¿Quiénes eran esto con quienes Jesús pasaba su tiempo? Uno podría pensar que Jesús estaba interesado en sentarse a platicar con los sabios de su tiempo, con los líderes religiosos, con la gente bien. Cuando leemos la vida de Jesús en los evangelios nos sorprendemos de quiénes eran las personas con las que Jesús decidió juntarse. Todos caben en una categoría: los quebrantados de corazón.

Los judíos no podían concebir la idea de un Mesías como Jesús. En su mente, la idea del Mesías era la de un líder poderoso, un conquistador, un caudillo libertador que poco o nada tenía que ver con los pobres o los pecadores. El Mesías, en su mente, era la imagen pura del poder y la realeza que venía a poner a todos en el lugar que les correspondía. Nunca se imaginaron que este Mesías venía en debilidad y buscaba a los débiles.

La debilidad humana es el clamor que Dios escucha. Jesús, como ayer, se mueve hoy entre los quebrantados de corazón, los rechazados por la sociedad, los marginados por el poder, los invisibles e intocables. La Biblia no separa la salvación del hombre en alma y cuerpo, espíritu y mente. Jesús vino a restaurar la dignidad del ser humano y darle el lugar que Dios mismo había diseñado sin importar su condición social, migratoria, económica o física. Si queremos conocer dónde camino Cristo, miremos hacia los más marginados en nuestra sociedad... ahí lo encontraremos con ellos.

¿Dónde están esas personas hoy? Si no los ves, es quizá porque no estás viendo con los ojos de Cristo. Aquel que se encarnó, vivió y murió en completa debilidad, caminó con los débiles y los pobres de la tierra. ¿Debemos hacer lo mismo?
 

El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor.
Lucas 4:18-19