Reconciliados para Reconciliar

No hay nada tan dulce como la reconciliación...

Todos hemos estado ahí. En el momento cuando los puentes se bajan, cuando las barreras se derrumban, cuando se abren las puertas. La separación pudo haber sido dolorosa, pero la reconciliación es dulce. En ese momento nos damos cuenta que nada era tan importante como para estar separados... en un sentido, la reconciliación es como volver a vivir.

Sin embargo, tan hermosa como la reconciliación con otros pueda ser, no se compara con aquella que los que creemos en Cristo hemos experimentado. No solo estuvimos separados de Dios por estar disgustados; ni siquiera estuvimos lejos de él porque no podíamos acercarnos. Estábamos muertos en nuestro pecado cuando él nos dio vida en Cristo. La reconciliación con Dios no es sólo el acto de acercarse a él, sino el milagro de recibir su vida.

Pero, ¿te gustaría saber algo aún más impresionante? Dios, al reconciliarnos con él, nos ha invitado a participar de este mismo misterio. Dios nos ha llamado, como su pueblo, a participar con él en el ministerio de la reconciliación. Nos invita a llamar a otros, a persuadir a otros, a rogarle a otros que se reconcilien también con él.

Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación
2 Cor 5:17-18

Esto es precisamente lo que la Escritura nos dice, que en la nueva creación de Dios—en la nueva era de Dios—él mismo nos reconcilió en Cristo y nos invita a participar del ministerio de la reconciliación.