Monopolio de la Gracia

La gracia de Cristo es suficiente para cubrir cualquier situación...

¿Qué sucede cuando un paralítico, un recaudador de impuestos y unos atolondrados discípulos tienen un encuentro con Jesús? Su gracia los cambia por completo. A diferencia de los fariseos—que se creían justos en su propia opinión—las personas que reconocieron su impotencia y debilidad siempre encontraron en Jesús gracia suficiente.

Si algo era chocante para los líderes religiosos era que Jesús parecía no hacer acepción de personas. Lo mismo tocaba a un leproso, que comía con un usurero; lo mismo abrazaba a una prostituta que se sentaba a la mesa con un maestro de la ley. La gracia de Cristo es tan abundante que no hay condición humana que pueda frenarla o agotarla. Solo aquellos que se engañaban creyéndose superiores no podían beber de la fuente de su amor.

Para los líderes religiosos de su tiempo la gracia de Cristo era escandalosa, inapropiada y barata. Ellos consideraban que algunas personas en su comunidad no eran dignas de compasión, pero sobretodo creían que una persona debía ser tan buena y justa como ellos para alcanzar el favor de Dios. En su intento por no abaratar la santidad de Dios habían monopolizado la gracia.

Al oírlos, Jesús les contestó: ―No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Y yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.
Marcos 2:17

Desafortunadamente este no es un problema de fariseos y escribas únicamente. Todos nosotros, en algún momento, pensamos que tenemos suficiente crédito en el banco de la santidad como poder hacer juicios en cuanto a la vida de otros. Olvidamos que un día, nosotros también, estuvimos en la banca rota espiritual; si no hubiera sido por la gracia de Cristo seguiríamos muertos en delitos y pecados.

Al reflexionar en la obra de Cristo entre nosotros piensa en aquellas personas que parecen menos merecedores de su gracia. Ahí encontrarás a Jesús disfrazado de mendigo, de indigente, de rechazado y de pobre. Esos—los que evidentemente necesitan un médico—son a quienes el Señor esta buscando.

Todopoderoso y eterno Dios, aumenta en nosotros tus dones de fe, esperanza y amor; y para que obtengamos tus promesas, haz que amemos lo que mandas; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amen.