No Todo es Color de Rosa

Todos estamos conscientes que el mundo en que vivimos es hostil al cristianismo...

Esa no es una sorpresa para ninguno de nosotros. La naturaleza del mensaje del evangelio nos pone en contradicción directa con el mundo: con sus valores, con sus ideales, y a veces hasta con las personas. Como dijera alguien acertadamente que "la característica principal de la vida cristiana es el sufrimiento."

Pero, ¿por qué? ¿No sería mejor que Dios nos hiciera vivir en un mundo donde no tenemos que batallar más con estas cosas? Sería mejor—pensamos—que Dios se encargara de una vez y para siempre de nuestros problemas y así podríamos ser felices. Desafortunadamente, los planes de Dios no incluyen nuestra "felicidad," sino nuestro crecimiento. Si algo nos fue revelado acerca de Dios en Jesucristo es que nuestro Dios es un Dios que sufre. Vino en debilidad, vivió en debilidad, murió en debilidad.

Sin embargo, esta debilidad es también la mayor demostración de su poder. Su poder no está limitado—como el profeta Elías lo comprendió—al viento fuerte y al terremoto y al fuego. Su poder está en el silbido apacible. El poder de Dios es tan grande que pudo manifestarse como un siervo.

Dios no nos ha dado una estrategia para sobrevivir, sino una promesa para vivir. No es un método, sino una Persona lo que nos sostiene en los momentos difíciles.

La vida no es color de rosa. Pero tampoco Cristo nos prometió ese tipo de vida, ni siquiera él mismo vivió ese tipo de vida. Al enfrentar las dificultades del mundo debemos recordar que Dios no nos ha dado una estrategia para sobrevivir, sino una promesa para vivir. No es un método, sino una Persona lo que nos sostiene en los momentos difíciles.

Dios nos llama a ministrar en este mundo de hostilidad. Dios no desea que nos escondamos, ni que huyamos, sino que enfrentemos las prueba en fe y confianza en él. Inicia esta semana en oración. Cualquier dificultad que encuentres puedes estar seguro que su promesa y su presencia son suficientes.

Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.
Juan 16:33