¿Qué haces Aquí?

¿Que haces aquí, Elías?

El profeta había llegado casi al final de sus fuerzas. Deprimido y cansado deseó morirse debajo de un arbusto en el desierto. Nada parecía marchar bien—su vida en peligro, el pueblo en rebeldía, los profetas muertos—y hasta lo que antes fue un deleite ahora se veía como una terrible carga. "Me consume mi amor por ti, Dios todopoderoso... pero todo sale mal."

La hostilidad del mundo hace que olvidemos lo que antes Dios ha hecho. Se nos olvida muy pronto de dónde nos ha sacado el Señor, cómo nos rescató en innumerables ocasiones, cuánto ha hecho en y a favor de nosotros. La presión que ejerce un mundo hostil opaca nuestra imagen de Dios y nos hace perder la esperanza... a veces al punto de querer abandonarlo todo.

Sin embargo, Dios nos lleva a encontrarnos con él en los momentos más oscuros. ¡En la noche del alma la luz de Dios nos resplandece! "¿Qué haces aquí, Elías?" Y con esa pregunta inicia un proceso reflexivo en el que descubrimos—o más bien nos revela—lo que hay en nuestros corazones. Nos damos cuenta que no llevamos el mundo a cuestas, que la carga no es nuestra, que no estamos en control. El motivo de su pregunta no es para recibir un reporte, es para descubrir lo que hay en nuestro corazón.

La primera vez que Dios pregunta "¿Qué haces aquí?" es para descubrir lo que hay en el corazón de Elías. La segunda vez que pregunta es para descubrirle que Dios está en control y sigue obrando aún en lugares donde pareciera imposible. La primera vez es para que Elías descubra que Dios reina en el caos que hay dentro de él. La segunda es para que descubre que Dios reina en el caos que hay afuera.

Mira en tu interior y descubre el lugar secreto donde Dios quiere encontrarse contigo. Mira hacia afuera y descubre el lugar donde Dios quiere encontrarse con la gente. Ahora responde: ¿Qué haces aquí?

Más tarde, la palabra del Señor vino a él. ―¿Qué haces aquí, Elías? —le preguntó.
1 Reyes 19:9