La Prueba de la Fe

Las pruebas son el común denominador en nuestro caminar con Dios...

No son accidentes en el camino. Son señales que nos apuntan (y a otros) hacia algo... más bien hacia Alguien. Nuestra fe—por ser más preciosa que el oro—debe ser probada en el horno de la prueba. Sin embargo, este proceso no tiene el fin solo de probar nuestra fe, sino más bien de purificarla.

La oposición que enfrentamos en el mundo no es únicamente porque hemos creído el mensaje del evangelio, sino porque deseamos que todos vengan a este conocimiento. Un cristiano que no tiene conflictos con nadie quizá no esté siendo sincero con su propia fe, o tal vez su fe se haya vuelto un "asunto personal." En el momento en que comenzamos a confrontar a quienes nos rodean con el mensaje de Cristo, los problemas son inevitables.

A pesar de esto, Dios no nos exenta de nuestra responsabilidad de proclamar a Cristo; por el contrario, nos anima a que regresemos a los lugares donde la luz aun no brilla. Tal como Elías debió regresar a enfrentar a la reina y su mundo, nosotros también somos llamados a regresar a un mundo que rechaza nuestro mensaje.

Pero, ¿cómo hacemos esto? ¿Cómo compartimos con las personas un mensaje que tal vez no quieren oír? ¡Con amor! Con paciencia y aun sufrimiento, considerándonos dignos de participar un poco en los sufrimientos de Cristo por nosotros. La respuesta no está en escondernos, ni tampoco está en atacar a las personas. La respuesta está en aprender a sufrir bien por causa del evangelio.

Piensa en las situaciones que has estado evitando para no caer en contradicción con otros por el evangelio. Piensa en las oportunidades que has dejado pasar por no "ofender" la sensibilidad de otros. Pídele al Espíritu Santo que purifique tu fe y la fortalezca para poder proclamar con valor a Cristo.

Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución;
2 Timoteo 3:12