No más separación

Pero ahora en Cristo Jesús, a ustedes que antes estaban lejos, Dios los ha acercado mediante la sangre de Cristo. Ef 2.13

Hubo un tiempo en que estuvimos alejados, separados, ajenos, y espiritualmente desahuciados. Pero Dios nos dio la prueba final de la reconciliación al enviar al mundo a su hijo Cristo. Él es la base y el sustento mismo de nuestra reconciliación con el Padre.

Muchos conocen la tristeza de la separación, la soledad de sentirse excluidos o la impotencia de la lejanía, pero espiritualmente hablando, estos estados de separación tienen implicaciones eternas. Antes de Cristo, la humanidad estaba separada de Dios... el pecado era la barrera inquebrantable para reconciliarse con él.

Sin embargo, Dios mismo buscó a los hombres para hacer la paz. El ofendido vino en busca del ofensor para ofrecerle perdón. El texto lo dice de una manera tan hermosa: "antes ustedes estaban lejos, pero ahora han sido hechos cercanos por la sangre de Cristo" (v. 13).

La sangre de Jesucristo—la sangre del Príncipe de Paz—ha hecho la paz entre los hombre y Dios. Ya no estamos alejados, ni separados, ni mucho menos espiritualmente desahuciados; hemos sido acercados a Dios por medio de Cristo. ¡Qué precioso don, qué infinita gracia!