Reconciliación Horizontal

Porque Cristo es nuestra paz: de los dos pueblos ha hecho uno solo, derribando mediante su sacrificio el muro de enemistad que nos separaba. Ef 2.14

Nuestra reconciliación con Dios se manifiesta en la reconciliación otras personas. Si Dios nos reconcilió con él mismo, es decir, si el ofendido buscó al ofensor para perdonarlo, ¿no deberíamos nosotros hacer lo mismo?

Los judíos aborrecían a los gentiles al considerarlos personas completamente alejadas de Dios. Había entre ellos una pared intermedia de prejuicios raciales, religiosos y políticos. La unidad parecía una broma, el perdón se antojaba imposible y la reconciliación una utopía. Pero la sangre de Jesús derribó la pared que los separaba para crear una nueva humanidad.

Muchas veces nos encontramos en situaciones similares con otras personas. Nuestras diferencias insalvables, los abismos emocionales muy profundos, las barreras infranqueables y los convenios inconcebibles. Pero este acto nos demuestra que la reconciliación es no solo posible, sino necesaria. Los creyentes somos llamados a reconciliarnos unos con otros en amor fraternal.

Esta reconciliación es solo posible cuando nos hemos reconciliado con Dios a través de Jesucristo. El verdadero perdón y la paz fluyen únicamente de corazones que has sido perdonados y suavizados por el amor de Cristo.

¿Te han ofendido? ¿Has tenido diferencias con alguien? ¿Crees que vale la pena? Busca al ofensor, derriba la barrera y perdónalo.