En busca del Rey

Después de que Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente.—¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos levantarse su estrella y hemos venido a adorarlo. Mateo 2.1-2

El Príncipe de Paz es digno de nuestra adoración. Nuestras vidas, igual que la de los sabios de oriente, solo llegan a su destino final y encuentran la paz al adorarle.

Los sabios de orientes prestaron atención a la señal que habían visto. Habían viajado desde muy lejos en busca del recién nacido rey y venían con un propósito muy claro: "hemos venido a adorarlo." Dios les había dado una señal para seguir, así como también a nosotros nos señala muchas veces el camino correcto. Sus direcciones nos llevan siempre a adorar a los pies de Cristo.

Las cosas que perseguimos en la vida son las que terminamos adorando. Si perseguimos las riquezas y el poder, eso terminaremos por adorar; cualquier cosa que sea digna de nuestros mayores esfuerzos se convertirá en el objeto de nuestra adoración. Existe un vacío en el corazón del hombre que solo la adoración a Dios puede llenar, pero cuando Dios no es el centro de nuestra adoración podemos adorar casi cualquier cosa.

¿Qué señales ha puesto Dios en tu vida que apuntan hacia él? ¿Estás buscando un encuentro con el Señor? Quita cualquier otra cosa que no sea Jesús en el centro de tu corazón. Encuentra la verdadera paz al adorar al Rey.