Revestidos de Dios

Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia. Col 3.12

En la vida espiritual uno siempre opera desde su posición como hijo de Dios. Porque fuimos justificados actuamos con justicia, porque fuimos perdonados perdonamos, porque se nos mostró gracia, mostramos gracia. La vida de santidad fluye desde la posición que Dios nos ha dado.

El apóstol Pablo exhorta a los creyentes a revestirse de la nueva naturaleza. Esto es mucho más que dejar viejos hábitos o cambiar malas actitudes; quien se reviste debe primero despojarse, y esa obra es única del Espíritu Santo operando por el poder del evangelio.

Cuando comprometemos nuestra vida a Cristo él nos da nueva vida. Nuestro carácter—lo que somos—también comienza a ser transformado. Es ahí el primer lugar donde la santificación comienza a mostrar sus frutos, en nuestro interior. Las palabras de Jesús son precisas aquí: "No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto" (Lucas 6:43).

¿Te has revestido de esa nueva vida? ¿Estás permitiendo que la santidad de Dios se manifieste en tu carácter?