Todo por Él

Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él. Col 3.17

Ser santificado significa ser apartado para los propósitos de Dios. ¿Cómo consagramos nuestra vida—acciones, pensamientos y palabras—para Dios? Haciendo todo como para el Señor y no para los hombres.

¿Pueden las tareas diarias convertirse en un acto de adoración a Dios? ¿Puede una persona caminar en santidad en el trabajo, la escuela, al hacer las labores del hogar? No solamente es posible, sino es la única manera en la que las tareas cotidianas adquieren sus verdaderos propósitos.

La Escritura nos exhorta a que cada cosa que hagamos la hagamos en el nombre del Señor. Esta no es una una sugerencia superficial o simple; en realidad debemos pensar, hablar y actuar conscientes de la presencia de Dios con nosotros y en nosotros. No solo eso, ¡sino que debemos hacer estas cosas como si fuesen para el Señor mismo! Las cosas comunes y corrientes adquieren un sentido superior cuando las hacemos como un acto de adoración a Dios.

Aún más, la Biblia nos dice que al hacerlo tengamos un profundo agradecimiento por ello. ¿Cómo es eso posible? Porque damos a gracias a Dios por la oportunidad que nos da de servirle aun en las cosas más simples. ¿Quieres vivir en santidad? Haz todo como para el Señor y no para los hombres.