¿Qué Hacemos con la Autoridad?

Sométanse por causa del Señor a toda autoridad humana, ya sea al rey como suprema autoridad... Porque ésta es la voluntad de Dios: que, practicando el bien, hagan callar la ignorancia de los insensatos. 1 Pedro 2.13, 15

¿Por qué Dios nos deja ir a través de las pruebas, las necesidades y hasta el sufrimiento? Porque Dios no está tan interesado en cambiar nuestras circunstancias tanto como en cambiar nuestros corazones. Nuestra fe nos transforma internamente para que podamos transformar externamente.

La disyuntiva de los cristianos en el primer siglo en cuanto a la política es que no podían unirse a un gobierno que promovía la idolatría, la crueldad, la violencia y la inmoralidad. Pero tampoco podían unirse a las fantasías nacionalistas de una ideología que, aunque promoviera las cosas correctas, no tenía ni el carácter ni la pureza para llevarlas a cabo. ¿Cuál fue la respuesta? Un nuevo reino que crecía en medio y por encima y entre esas dos realidades conflictivas. A los cristianos eventualmente se les considero una tercera raza.

Todos tenemos una tendencia a rebelarnos contra las autoridades, pero sobre todo cuando no creemos que las autoridades—sea el gobierno, la policía, los padres—no están a la altura de su responsabilidad. El clima político y social en el que vivimos incita a la rebelión, a las manifestaciones, a la subversión. Pero el consejo de la palabra de Dios nos invita a someternos a las autoridades. ¿Por qué? Porque esto demuestra de una manera tangible que nuestra confianza en los asuntos de la humanidad esta—y estará siempre—en las manos de Dios.

Si Dios es soberano y poderoso para controlar y hacer uso aún de las autoridades corruptas, seguramente podemos confiarle nuestra vida. ¡Y es ahí donde nuestra fe es aún más real! Pues es ahí donde comprendemos que Dios transforma nuestras vidas sin importar si las circunstancias no cambian.