Abuso de Libertad

Eso es actuar como personas libres que no se valen de su libertad para disimular la maldad, sino que viven como siervos de Dios. 1 Pedro 2.16

La libertad no es el poder de hacer lo que se nos place, sino la capacidad de hacer lo que es correcto. Es dejar de servirnos a nosotros mismos para servir a Cristo y a otros.

En nuestros días, las palabras "libre" y "libertad" se usan de una manera egoísta. Usualmente pensamos que ser libres nos remueve de toda responsabilidad y nos "desata" para hacer lo que mejor nos convenga sin que nadie nos pueda decir nada. Sin embrago, la verdadera libertad es todo lo contrario: es dejar de ser esclavos de uno mismo y de sus pasiones para rendirse a la voluntad de Dios. Dejamos de ser esclavos del mundo para convertirnos en esclavos—por amor—de Cristo.

Como personas libres en Cristo no estamos restringidos por el control del pecado; este no puede determinar lo que hacemos o cómo vivimos. Para entender realmente lo que dice Pedro, tenemos que invertir la lógica para ver la verdad: El pecado es un maestro que restringe nuestra capacidad de amar a Dios.

Jesús dijo: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15). Cuando le rendimos nuestra vida a Jesús, él nos libera del pecado; y esta libertad nos da la capacidad de amar a Dios y guardar sus mandamientos, pero el uso de esa libertad como un permiso para hacer lo que queramos—independientemente de lo que Dios dice—es un terrible error.

La libertad que Cristo nos da nos permite ver por encima de nuestras presentes circunstancias para obedecer y amar. Nos libera de nuestro egoísmo para servir y de nuestro temor para enfrentar el mundo. Cuando somos libres—verdaderamente libres—entonces podemos elegir lo que es bueno y justo.

Para Reflexionar:
¿Ha habido alguna vez un momento en que tomó una decisión que sabía que era incorrecta, pero lo hizo de todos modos suponiendo que usted podría pedir perdón después?

¿Utiliza usted su libertad en Jesús como una excusa para tomar malas decisiones de una forma constante?

¿Cuál sería la forma correcta de utilizar la libertad que Cristo nos da? ¿Cómo afectaría eso nuestra relación con Dios, nuestro trabajo, nuestra familia?