El Fin del Matrimonio

De modo que si algunos de ellos no creen en la palabra, puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras... Así nada estorbará las oraciones de ustedes. 1 Pedro 3.1a, 7b

Pedro, al escribirle a la iglesia acerca del matrimonio, revela una verdad muy importante: Nuestra relación matrimonial está íntimamente ligada a nuestra vida espiritual y a nuestra misión como creyentes. El fin de la vida matrimonial no es ser feliz. Es honrar y servir a Dios.

Casi todo el mundo piensa que la felicidad es el fin del hombre. Los matrimonios, particularmente, se esfuerzan por encontrar el secreto que los hará felices y los librará de sus problemas. Sin embargo, la felicidad es solo temporal, y es una consecuencia—un efecto secundario—mas que la meta final del matrimonio. Unirse a Dios es la misión de redimir al mundo es la tarea final de todo matrimonio.

La felicidad es solo temporal—es una consecuencia—mas que la meta final del matrimonio. Unirse a Dios es la misión de redimir al mundo es la tarea final de todo matrimonio.

Y es justo aquí donde las palabras de Pedro cobran más sentido. ¿Cómo puede una mala relación matrimonial obstaculizar la oración? Y quizá es aún más importante que nos preguntemos, ¿cuáles son las implicaciones de esto? En otras palabras, lo que el apóstol dice es que no cuidar nuestro matrimonio nos convierte en cristianos inefectivos.

¿Puede imaginarse una relación cuyo fin sea mayor que la felicidad? ¿Puede imaginarse un matrimonio cuyo propósito y gozo es servir a Cristo? Si usted cree que es imposible, le invito a recibir este día la gracia del Padre.

¿Puede imaginarse un matrimonio cuyo propósito y gozo es servir a Cristo?

"Señor, te doy gracias por mi matrimonio. Gracias por unirme a mi pareja en amor y con un propósito muy grande. Te pido este día que bendigas mi matrimonio para que juntos podamos ser el ejemplo y la luz que el mundo necesita. Concédeme tu gracia para amar, respetar y cuidar a mi esposo/a. En el nombre de Jesús."