De la Mano de Cristo

Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia. Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó 1 Pedro 1.14-15

Todos llegamos a un punto donde nos damos cuenta que nuestros esfuerzos por agradar a Dios fracasan. Por eso, una vida de santidad es solo posible de la mano de Cristo.

Cuántas veces usted ha tratado de vivir una vida que agrade a Dios y ha fallado? ¿Cuántas veces ha prometido—una y otra vez—que no volverá a defraudar a Dios solo para encontrarse en la misma situación días después? Ya sea que usted ha comenzado a seguir a Cristo o lleva años como cristiano, tarde o temprano se ha dado cuenta que todos fallamos... todo el tiempo.

Entonces, ¿cómo podemos obedecer el mandamiento de ser santos cuando nuestra realidad nos dice algo distinto? ¿Será que esta vida de santidad es para otros—para cristianos sobrenaturales—pero no para mí? Pero, ¿qué si estamos viendo las cosas desde un punto de vista incorrecto y una vida de santidad no es solo posible, sino necesaria?

La vida que agrada a Dios es una consecuencia directa de nuestra relación con él. Nuestros esfuerzos tienen cierto valor en cuanto a disciplina y compromiso se refiere, pero una vida recta es solo posible cuando caminamos de la mano de Cristo, pues son sus méritos y no los nuestros los que agradan a Dios.

Iniciemos esta semana con el deseo de agradar a Dios, pero convencidos por la fe que es a través de Cristo. Depositemos en él nuestra esperanza y tomemos su mano para caminar. "Señor, ayúdame a vivir una vida que te agrade. Sostenme en mi debilidad y quebranta mi orgullo. Déjame caminar tomado de tu mano."