Rescatados

Como bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto. 1 Pedro 1:18-19

¿Cuál es el propósito de vivir una vida de santidad? ¿Por qué querría una persona abandonar los placeres de este mundo para vivir para Dios? ¿Por qué ir un paso más allá y buscar la pureza, la bondad y el amor?

No importa de qué cultura usted venga, no importa a qué religión haya sido expuesto, no importa qué tan primordial sea Dios en su vida, todos los seres humanos sabemos que una vida de integridad es mejor que una vida deshonestidad. La vida de santidad—la vida apartada para Dios—es lo único que le da a la existencia del hombre un verdadero significado.

La vida justa—la vida de santidad—es un camino que nos lleva a nuestro destino final; y aspiramos a esta vida porque es la única consistente con los valores y principios del reino de Dios. La santidad es el camino que nos lleva al destino final en el reino de Dios. Sin embargo, el inicio de esta jornada es solo posible porque Cristo nos rescató de la esclavitud de una vida absurda. La única razón por la cual podemos aspirar a esta vida de rectitud es porque hemos sido rescatados por Jesucristo.

De ahí depende nuestra justicia, salvación y santidad. No de que nosotros podamos lograrlo por nuestros medios, sino que Cristo ha pagado el precio por nuestro rescate. Podemos vivir una vida que agrade a Dios y que sirva a nuestros semejantes porque nuestro Señor—el Cordero de Dios—se dio a sí mismo en rescate por nosotros.

Tome un momento para agradecer a Dios por su Hijo Jesús. Dele gracias que puede vivir una vida que le agrada por lo que Cristo a hecho por usted.