Renacidos

Pues ustedes han nacido de nuevo, no de simiente perecedera, sino de simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive y permanece. 1 Pedro 1.23

Dios es nuestro Autor. Su Palabra—el Verbo de Dios—nos dio vida cuando estábamos muertos en el abismo del pecado. Podemos andar en santidad porque hemos nacido de Aquel que es santo.

Los cielos y la tierra fueron creados por la palabra de su poder y él mismo llama las cosas que no son como si fueran. Por su palabra también sostiene todas las cosas y esta nunca regresa vacía. Siempre que Dios habla crea algo. En este sentido, Dios es el Autor (quien autoriza) todas las cosas.

Nosotros fuimos también creados por su palabra. Todos los seres humanos llevamos la imagen de lo divino por ese aliento creador. Pero la Biblia nos dice que esa palabra, que en los tiempos antiguos no se comprendía, tiene nombre: El Verbo de Dios. Este Verbo "se hizo carne y habitó entre nosotros" (Juan 1.14). Y esta Palabra es la que nos ha hecho renacer.

Una vida de santidad es solo posible si hemos vuelto a nacer. Solo es posible porque la semilla de Dios está en nosotros. A veces luchamos mucho para ser mejores, para ser buenos, para portarnos bien. No nos damos cuenta que Dios ya puso en nosotros su semilla... nos autorizó con su Palabra para ser suyos.

Y si hemos nacido de él, si su semilla está en nosotros, entonces la posibilidad de una vida íntegra está más cerca de lo que pensamos.

¡Señor, gracias porque me hiciste nacer de nuevo. Gracias por el Verbo de Vida!