Una Mente Despejada

Ya se acerca el fin de todas las cosas. Así que, para orar bien, manténganse sobrios y con la mente despejada. 1 Pedro 4:7

Pedro debió haber estado pensando en la noche en el huerto cuando escribió esto a la iglesia. Esa noche, en su agonía, Jesús le había pedido que se mantuviera despierto y orara para no caer en tentación. Pero el cansancio (o la pereza) pudo más y Pedro abandonó la lucha espiritual para tomar una siesta.

Si hablamos del conflicto de la vida cristiana debemos admitir que la mayoría de las veces ese conflicto inicia en nosotros mismos. Nuestros deseos luchan contra nosotros mismos, nuestras pasiones nos envuelven en un descuido y nuestros instintos naturales buscan suplantar la necesidad que tenemos de Dios. Por eso, la Escritura nos manda que debemos mantenernos sobrios y con la mente despejada. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que pongamos toda nuestra atención en Cristo y abandonemos cualquier distracción que el mundo nos ofrezca.

Pongamos toda nuestra atención en Cristo y abandonemos cualquier distracción que el mundo nos ofrezca

Pedro antecede esta amonestación con la oración. "Si queremos orar bien—dice— debemos mantenernos alertas." Y es que la verdad, sabemos que nuestra primera lucha inicia en la arena de la oración. Es ahí donde nuestra naturaleza batalla por estar en la presencia de Dios y donde rendimos nuestros deseos para permitir que Dios nos cambie. Es en la arena de la oración donde el conflicto es más real... pero es ahí también donde inicia la victoria.

Nuestra primera lucha inicia en la arena de la oración

¿Qué cosas se han vuelto una distracción? ¿Hay algo que está nublando tu visión y embotando tu mente? ¡Pelea la buena batalla y echa mano de la vida eterna! Deja que la fe en Jesucristo te lleva a los pies de la cruz. Ahí donde podrás rendirlo todo.