¿Le importan a Jesús?

Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron. Mateo 25.35-36

Uno de los argumentos más comunes de quienes no conocen a Dios, o conocen poco de su carácter es que no creen que él realmente se preocupe por los seres humanos. La pregunta es siempre, ¿le importan las personas a Dios? Si le importan, ¿por qué no hace algo? Y si no le importan, ¿qué tipo de Dios es? Usted van a escuchar este argumento o una de sus versiones en algún momento: “Si Dios quiere hacer algo y no puede, entonces no es verdaderamente un Dios todopoderoso; si puede hacer algo y no quiere, entonces no es verdaderamente un Dios amoroso.”

La pregunta es siempre, ¿le importan las personas a Dios? Si le importan, ¿por qué no hace algo? Y si no le importan, ¿qué tipo de Dios es?

Muchos han abandonado su fe en Dios al encontrarse con el problema del sufrimiento humano. Estoy seguro que usted también, al enfrentar el dolor y las dificultades, se ha preguntado si realmente Dios tiene cuidado. Es fácil perder la perspectiva de quién es él y qué está haciendo cuando la vida nos golpea de repente; cuando los problemas son tan difíciles y las pruebas tan constantes y fuertes que nos hacen cuestionar hasta nuestra fe.

En este pasaje, sin embargo, tenemos una visión clara de cómo Jesús ve a los "invisibles." Qué tanto le importan a Dios aquellos que pasan inadvertidos para el resto del mundo: los hambrientos, los sedientos, los extranjeros, los enfermos y los marginados. De una forma misteriosa él mismo está presente entre los más despreciados de la sociedad. El INVISIBLE parece cohabitar con otros invisibles.

De una forma misteriosa él mismo está presente entre los más despreciados de la sociedad. El INVISIBLE parece cohabitar con otros invisibles.

En medio de nuestras pruebas y desafíos y también en medio del sufrimiento ajeno, se levanta la figura de Jesús. Su presencia entre los que sufren es la declaración final de cuánto le importamos los seres humanos a Dios. Así que, la próxima vez que el sufrimiento te de la cara—sea en tu vida o en la de otros—recuerda que Cristo está del lado de quien más lo necesita.