Una Batalla Invisible

Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Efesios 6.12

Uno despierta por la mañana y sigue su rutina de siempre. Se prepara el café, se alista para el trabajo o la escuela, se toma un momento para orar. Todo parece un día como cualquier otro, sin embargo, nada es así de simple. Mientras más pronto nos demos cuenta que estamos en medio de una batalla, mejor preparados estaremos para enfrentarla.

¿A qué batalla me refiero? A la batalla que todos los creyentes libramos en contra de satanás y sus huestes. Sí, esta batalla es real. No es quizá como la imaginamos o como algunos la pintan, pero definitivamente es real. Satanás y sus huestes luchan incesantemente para obstaculizar los planes de Dios. ¡Y nosotros nos encontramos justo en medio de este conflicto!

Satanás y sus huestes luchan incesantemente para obstaculizar los planes de Dios. ¡Y nosotros nos encontramos justo en medio de este conflicto!

Pero una verdad muy importante que debemos comprender es que no nos encontramos en esta batalla como víctimas, ni siquiera como espectadores. Somos participantes directos, soldados de Jesucristo, guerreros del reino de Dios que luchan en contra de las estrategias del enemigo. ¿Y cómo pelamos esa batalla? ¿Cómo luchamos en contra de satanás y sus huestes? A través de la proclamación del evangelio y de una vida de rectitud. Cada vez que proclamamos la victoria de Cristo con nuestras palabras, pero especialmente con nuestra vida, estamos dirigiendo nuestros esfuerzos en contra del enemigo.

No nos encontramos en esta batalla como víctimas, ni siquiera como espectadores. Somos participantes directos, soldados de Jesucristo.

La Escritura nos enseña que peleemos la batalla de la fe, que estemos despiertos y orando, que nos mantengamos alertas para no caer en la estratagemas del diablo, que nos esforcemos en el Señor y en el poder de su fuerza. Haz esto parte de tu oración diaria. Pídele a Dios por oportunidades en las que puedas avanzar los propósitos de su reino.