¿De Dónde Viene mi Esperanza?

Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. Sal 121.1-2

¿Le ha pasado alguna vez que la incertidumbre nubla su confianza? ¿Alguna vez se ha olvidado de lo que Dios ha hecho en el pasado porque el presente habla muy fuerte? ¿Alguna vez ha dudado de lo que Dios está haciendo hoy porque el futuro no es seguro? Todos hemos estado ahí. Especialmente en momentos importantes cuando pareciera que el futuro de toda una nación está en juego. Pero el futuro nunca está en juego cuando nuestra confianza está en el Señor.

¿Alguna vez ha dudado de lo que Dios está haciendo hoy porque el futuro no es seguro?

Los hijos de Dios tenemos una confianza superior. Nuestras esperanzas no están—o no debieran estar—en lo que los hombres pueden hacer. Nos equivocamos cuando creemos que nuestra salvación, nuestra ayuda, vendrá de los hombres. Nos equivocamos al pensar que nuestra ayuda proviene de algo más que no sea nuestro Dios. No hay poder político que pueda salvarnos, ni economía que pueda darnos seguridad. Quien pone su esperanza en los hombres terminará siempre decepcionado y herido.

No hay poder político que pueda salvarnos, ni economía que pueda darnos seguridad.

Los hijos de Dios tenemos en él un ancla segura. Él es nuestra esperanza, nuestro refugio y socorro. Él es quien decide nuestro futuro, redime nuestro pasado y afianza nuestro presente. Alcemos nuestros ojos hacia él este día. Reconozcamos que Dios—y no los poderes de este mundo—es nuestra única esperanza. Y descansemos en él, en su amor y en su gracia.

Él es quien decide nuestro futuro, redime nuestro pasado y afianza nuestro presente.