El Verbo de Dios

Yo bautizo con agua, pero entre ustedes hay alguien a quien no conocen, y que viene después de mí, al cual yo no soy digno ni siquiera de desatarle la correa de las sandalias. Juan 1.26-27

Juan es el amigo íntimo que describe a Jesús desde el lugar más cercano al corazón. Juan no está interesado en milagros, ni en endemoniados; tampoco está interesado en viajes y personajes. El discípulo amado está interesado en mostrar la gloria de Jesucristo para que todos se rindan ante él.

Para Juan,  Jesús es desde el principio majestuoso. Es Verbo, es Luz, es Gloria y Gracia, es el Buen Pastor, es la Puerta de las Ovejas, es el Pan Vivo que descendió del cielo. Jesús es el Cordero de Dios, pero es también el que bautiza con Espíritu Santo y fuego. Es vida nueva, es vida eterna, es vida que fluye como ríos de agua viva.

Juan reconoce que Cristo es antes del principio, antes de Juan el Bautista, antes de Abraham, antes de Moisés. Es superior al Templo, superior a la tradición, superior a los elementos, superior a sus adversarios; Cristo es superior a la sabiduría de los judíos, a la filosofía de los griegos y a la gloria del imperio romano. Jesús es superior a la vida, es superior a la muerte.

Juan no nos llevará por un proceso para que descubramos quién es Jesús. Él remueve desde el principio el velo y nos deja ver, con ojos descubiertos, la increíble majestad del Cristo. Desnuda ante nosotros su divinidad y no tiene reparo en ofender nuestra moderna sensibilidad con su doble naturaleza, mientras que al mismo tiempo nos lo muestra vulnerable, cansado, triste, solo.  “¡Vean, contemplen al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!”

Jesús es mucho más grande, maravilloso y majestuoso de lo que podamos imaginar. ¿Le conoces?