Vestido de Siervo

Así que se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura. Juan 13.4-5

Jesús no solo servía, Jesús era un siervo. Ese era su carácter, su naturaleza, su misión. No vino para ser servido, sino para servir, y para dejarnos el mejor ejemplo.

Jesús está sentado a la mesa con sus discípulos. Juan nos dice que la hora—la hora tan esperada, tan anunciada—había llegado. Todas las condiciones para la culminación de su vida y obra habían llegado. ¿Y cuál su siguiente paso? Se levanta de la mesa, se ciñe una toalla y comienza a lavar los pies de sus discípulos. Nada—ni la llegada de todas las "horas"—desligó a Jesús de su misión de servir.

Y el Maestro nos llama a nosotros a servir. No cuando las condiciones sean las más apropiadas, ni cuando la vida nos presente las mejores oportunidades. Nos llama a tener como misión una vida de servicio. Nos llama a tener un corazón de siervo, un carácter que se define por nuestra capacidad de servir a Dios y a otros.

Ser como Cristo significa ser un siervo por amo ¿Cómo está tu corazón? ¿Es el de alguien que por amor busca servir? ¿Es esta la persona en la que te estás convirtiendo?