Permanezcan en mi amor

Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Juan 15.9-10

De la manera como el Padre ama al Hijo, el Hijo nos ama a nosotros. Como el amor del Padre por el Hijo es infinito, así es el amor del Hijo para con nosotros.

No hay palabras en nuestro lenguaje que puedan expresar plenamente el amor de Dios para con nosotros. Las expresiones que podamos articular siempre serán inadecuadas para un amor que es infinito. El amor de Dios es algo incompresible para nuestra mente, pero no lo es para nuestro corazón. Conocerle a él es conocer su amor.

Primero, su amor se manifestó al habernos creado. Dios no tenía necesidad de nosotros, nada le hacía falta, nada estaba incompleto en él. Pero nos creó por que nos amó antes de la habernos formado. Su amor no estuvo limitado por que no existíamos. Cuando estábamos en su mente ya éramos el objeto de su amor.

Segundo, su amor se manifestó al enviar a su Hijo para morir por nosotros. Después de la caída la humanidad se hundió en pecado, pero eso no detuvo su amor. Cuando todo parecía estar perdido, Dios envió a su Hijo, por amor, para buscarnos y rescatarnos.

Tercero, su amor va mucho más allá de nuestro desempeño. Nos amó cuando estábamos muertos en pecados. Nada que hagamos puede hacer que nos ame más y nada que dejemos de hacer puede hacer que nos ame menos. Su amor no está condicionado por nuestro desempeño. El amor de Dios por nosotros es más alto que los cielos y no hay nada que esté fuera de su alcance.