Mayor que Cualquier Desafío

No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. Yo soy el Señor, tu Dios. Is 43.1-3

Hay momentos cuando los desafíos nos rebasan, cuando perdemos incluso la esperanza. En esos momentos debemos recordar que nuestros Dios, el Dios en quien confiamos, es mayor que cualquier obstáculo que enfrentemos.

¿Quién no ha enfrentado retos que le parecen más grandes que sí mismo? Quién no se ha encontrado sin empleo, enfrentado una crisis matrimonial, batallo con un hijo rebelde, luchado contra la tentación y el pecado. Quien no tenido más trabajo del que puede manejar, más pruebas de las que puede soportar, más dolor del que puede aguantar. ¡Algunos de estos desafíos nos parecen más grandes que Dios mismo!

Muchas veces la vida no resulta ser lo que esperábamos. El plan no funcionó como quisimos y nos vemos obligados a ajustarnos a una nueva realidad—a un matrimonio donde no todo es color de rosa, a una relación que no se sana por completo, a un hijo pródigo que nunca vuelve a casa—Y cuando estas cosas pasan nos preguntamos en qué fallamos, dónde estuvo el error, por qué no se cumplió la promesa, por qué Dios no respondió...

Pero esta es la verdad que debe guiar nuestra vida: Nuestros desafíos pueden ser muy grandes, pero Dios es mucho mayor que ellos. Cuando los retos nos rebasen recordemos que nuestro Dios es siempre mayor que nuestros desafíos.

Toma un momento para reafirmar tu confianza en Dios. No importa la situación por la cual estés atravesando, nuestro Dios es siempre mayor que las circunstancias que nos rodean.