Darle a Conocer

Al pasar y fijarme en sus lugares sagrados, encontré incluso un altar con esta inscripción: A un dios desconocido. Pues bien, eso que ustedes adoran como algo desconocido es lo que yo les anuncio. Hechos 17.23

Imagínese que cada situación que usted atraviesa se convirtiera en una oportunidad para dar a conocer a Dios. ¿Cómo cambiaría su vida y la de los demás si usted consiente e inconscientemente, a propósito y aun sin pensarlo diera a conocer a Dios en cada oportunidad?

El motivo y razón de nuestra existencia es conocer a Dios y darle a conocer. No hay meta más sublime, ni ocupación más importante. Pero más que una ocupación, dar a conocer a Dios es una vocación—un llamado. Pablo lo entiende perfectamente, por eso, a cada lugar a donde va su meta es siempre la misma: Que Dios sea conocido.

Pero quizá usted piense, "si quiero compartir el evangelio, pero no creo que ahora mismo sea el momento. Hay demasiadas cosas en mi vida como para pensar en esto." Muchas veces ocurre. Las cosas que no creemos que tengan relación con nuestra vida las ignoramos casi por completo. Pero dar a conocer a Dios en cualquier circunstancia puede en realidad cambiar mi vida.

Sin embargo, darle a conocer sí cambia nuestra vida, pues quita el enfoque y la atención de nosotros mismos para ponerlos en él; deja de mirar las dificultades que tenemos frente a nosotros para ver al Dios que camina con nosotros; exalta a Dios y nos humilla ante él. Le invito a pensar en esto: ¿Cómo doy a conocer a Dios en medio de de cualquier circunstancia por la que yo atraviese?