Sean Agradecidos

No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Fil 4.6

En el corazón del agradecimiento se encuentra la humildad. Una persona agradecida es una que reconoce que las cosas dependen y proceden de la mano de Dios. Cuando todo marcha bien, ser agradecidos es dar a conocer a Dios.

Nuestras actitudes reflejan nuestro carácter. Las "bendiciones" pueden ser tan dañinas como las pruebas y los momentos más prósperos pueden convertirse en la antesala de nuestra sequedad espiritual. Todo depende de una cosa: ¿estoy dando a conocer a Dios cuando las cosas marchan bien?

A veces es más sencillo acercarnos a Dios durante los momentos difíciles. Y eso, porque es casi natural que busquemos su ayuda en momentos de prueba. Pero, ¿cómo le damos a conocer cuando todo marcha bien? Somos agradecidos.

El ser agradecidos demuestra no solo que sabemos dar gracias, sino que demuestra una humildad que ha echado raíz en nuestro corazón. Solo un corazón humilde puede reconocer que la victoria y el bienestar no provienen de uno mismo, sino de Dios. El ser agradecidos exalta a Dios en nuestras vidas y lo hace visible en la de otros.

¿Cómo doy a conocer a Dios en los buenos tiempos? A través de una actitud y corazón agradecido.