La Pieza Final

Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente. Gen 50.20

Hay dos tipos de planes: los de los hombres y los de Dios. Los de los hombres pueden ser para mal, pueden estar equivocados, pueden ser contraproducentes. Los planes de Dios son para bien, para salvación... y son inquebrantables.

La familia de Jacob ha pasado por todo tipo de problemas. Las esperanzas son casi nulas y las promesas están casi olvidadas cuando llegan a Egipto donde los espera su hermano José. El proyecto familiar parece haberse perdido hace muchos años entre las envidias, los pleitos y las equivocaciones. Y ahora, lo que parece inminente es la venganza de su hermano a quien ellos vendieron por esclavo.

Con lo que esta familia no cuenta—y lo que muchos de nosotros olvidamos—es la pieza final en el rompecabezas de nuestra historia: La soberanía de Dios. En alguno momento todos olvidamos que Dios está por encima de nuestros planes y nuestros deseos; está incluso por encima de nuestros errores y fracasos. Su propósito en nuestra vida es inviolable y él mismo se encargará de cumplir sus planes en y a través de nosotros.

El plan perfecto de Dios para mi familia está enmarañado con los planes imperfectos de mi familia; y a fin de ver cumplidos los propósitos perfectos de Dios, de alguna manera tengo que sufrir los propósitos imperfectos de los míos. Pero de algo debemos estar seguros, y es que Dios cumplirá su propósito en mí, a pesar de mí.