Él nos Rescata

Cuando subieron a la barca, se calmó el viento. Y los que estaban en la barca lo adoraron diciendo: —Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios. Mateo 14.32-33

La presencia de Cristo trae calma en medio de la tormenta. No hay contendiente lo suficientemente fuerte como para ahogar la paz que trae la persona del Maestro.

Después que ha pasado la prueba, cuando el viento ha perdido su fuerza y las olas se han aquietado, reconocemos que quien cabalga la tormenta es digno de nuestra adoración. Nos sentimos protegidos por su poder, atraídos por su majestad y sobrecogidos por su misericordia. Ciertamente el Señor "cabalga sobre las alas del viento." La prueba de nuestra fe tiene como resultado la adoración a Dios.

También reconocemos que esta figura tan familiar, este nombre que decimos con tanta liberalidad, este Jesús a quien tratamos con tanta confianza, no es otro que el mismo Hijo de Dios. No es una mera figura mística o una leyenda que nos da ánimo. No es una píldora para curar los dolores del alma ni un remedio para aliviar el corazón... es el Hijo de Dios... el que es, el que era, el que ha de venir, el Todopoderoso.

¿Estás en medio de la tormenta? ¡Él también! Y su presencia es lo único que necesitas para calmar tus miedos y seguir adelante.