Él nos Redime

Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Rom 8.28

Dios puede transformar la prueba más difícil en una bendición, la pérdida más grande en una victoria y la noche más oscura en una amanecer glorioso. ¿Cómo podemos saber eso? Por fe. ¡Es por la fe que obtenemos las promesas de Dios!

Pablo escribió estas palabras a los cristianos que vivían en Roma, pero tienen la misma validez para nosotros porque el autor no es sólo Pablo… es el Espíritu Santo. Esta palabra que nos da el Señor a través de la Escritura, si creemos lo que él nos dice, puede crear una en nosotros una esperanza viva. Notemos tres cosas:

1. Es Dios mismo quien dispone. No son nuestros esfuerzos, ni lo bien que nos portamos; ¡ni siquiera es nuestra fe lo principal aquí! Dios es quien dispone todas las cosas. Él es quien creó el universo con su palabra, quien dio las promesas a Abraham, quien sacó a su pueblo de Egipto y los llevó a la tierra prometida. Nuestra fe es segura porque descansa en Dios.

2. Dispone todas las cosas para el bien—escuchaste bien—todas las cosas. Y todas las cosas incluyen las pruebas, los fracasos, los desafíos… incluso utiliza nuestro pecado para mostrarnos su gracia y perdón. No hay nada que pueda ocurrirnos, sea por cuenta propia o por la maldad que hay en el mundo, que Dios no pueda utilizar para nuestro bien. Nuestra fe es segura porque nuestro Dios puede hacer lo que él quiere

3. Los que le aman. Es cierto que Dios es bueno con todos y hace llover sobre justos e injustos; así de inmensa es su gracia. Pero Dios tiene un propósito especial para quienes lo aman, tiene un cuidado especial para su pueblo. Él mismo nos ha llamado conforme a su propósito y eso nos da la certeza de que lo él dice, vendrá a pasar. Nuestra fe es segura porque sabemos que Dios nos ama.

Toma un momento este día y dale gracias a Dios por estas promesas. Deja que tu fe se afiance en “Aquel que es poderoso para hacer muchos mas de lo que pedimos o entendemos según el poder que actúa en nosotros” (Ef 3.20)