El Camino de Cristo

No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. Juan 14.1

¿Por qué Jesús no le tenía miedo a nada? Ni a la violencia, ni a la maldad, ni a la pobreza, ni al escarnio, ni al sufrimiento, ni a la muerte. No tenía miedo a los fariseos, ni a los saduceos, ni a Pilato, ni a Herodes. No le tenía miedo ni al mismo satanás. Jesús no era frágil. Ahora, ¿cuál era el secreto del valor de nuestro Señor?

Si hay algo que predomina en nuestros días y en nuestra sociedad es el temor. Vivimos ya en una sociedad ansiosa e intranquila; un mundo que sucumbe ante la violencia y que desespera ante la injusticia. A veces creemos que Jesús no tuvo que batallar con ninguno de estos problemas, pero la verdad es que el Señor enfrentó los grandes problemas de su tiempo igual que nosotros.

Si Jesús tenía una razón para ser fuerte nosotros como sus seguidores también la tenemos. De hecho, Jesús enfrentó estos problemas de una forma radical, una manera tan distinta a lo esperado. Vino a mostrarnos un nuevo camino. Un camino que nos lleva de la incertidumbre a la fe.

La razón por la que Jesús no temía a nada era porque su confianza estaba cimentada en Dios. Él sabía que la voluntad de Dios—buena, agradable y perfecta—se cumpliría en su vida. Jesús estaba convencido que Dios tiene la última palabra en todas las cosas.

Dios nos pide que confiemos en él en medio de un mundo de violencia e inseguridad. Nuestra fe en él es suficiente para enfrentar cualquier situación que se nos presente. Vayamos de la incertidumbre a la fe por el Camino de Cristo.