¿Quién es mi Prójimo?

Pero él quería justificarse, así que le preguntó a Jesús: —¿Y quién es mi prójimo? Lucas 10.29

Todos podemos encontrar excusas para discriminar. Ese es uno de los peligros más graves de la discriminación: todos creemos que tenemos derecho de hacerlo. Sin embargo, Jesús destruyó los prejuicios y la discriminación con amor.

Los judíos en el tiempo de Jesús tenían un debate acerca de quién era el prójimo. Habían encontrado una manera de invalidar el amor a los demás poniendo a las personas en categorías. La familia era el prójimo, los vecinos y amigos eran el prójimo; pero no los gentiles, no los esclavos, no los enemigos... habían encontrado una excusa "justificada" para discriminar.

Los prejuicios y la discriminación hacen que veamos a otros como si no fuesen nuestro prójimo. Vivimos en una sociedad que nos divide entre ellos y nosotros, blancos y negros, ricos y pobres. Cuando el experto de la ley pregunta "¿Quién es mi prójimo?" está implicando que existe tal como como un no-prójimo, un ser humano que no es digno de estar en esa categoría. . Eso es lo que la discriminación causa en nosotros: nos hace ver a otros como si no fueran nuestro prójimo.

El camino de Jesús nos lleva de esta sutil forma de odio que es la discriminación, al amor. Nos lleva de considerar a otros como menos importantes a más importantes que nosotros mismos. Nos invita a ver, aun en los más distintos a nosotros, la imagen de Dios y la dignidad de su creación. El Camino de Cristo nos lleva siempre del temor al amor.