El Aguijón de los Prejuicios

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado dijo para sí: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la que lo está tocando, y qué clase de mujer es: una pecadora.» Lucas 7:39

Los prejuicios no son solo un mal para quien los sufre, sino una enfermedad de quien los practica. Pero el Camino de Jesús es radical, distinto... nos lleva del rechazo al perdón y la aceptación.

El fariseo no puede esconder su desagrado al ver entrar a la mujer, especialmente cuando ve que se arroja a los pies de Cristo. —Es una pecadora. ¿Cómo se atreve?—piensa. Su desprecio por ella precondiciona incluso su deseo de conocer al Maestro, y nos muestra el peligro de los prejuicios: levantan barreras que nos impiden conocer a Dios y que otros le conozcan a través de nosotros.

A todos nos ha pasado que nos encontramos con personas que por su apariencia, su actitud, su manera de hablar, su vestimenta, nos causan cierto rechazo. Y esto es casi normal, casi todos reaccionamos de esta manera, pero hay un problema cuando está actitud se amplifica a tal grado que se convierte en un fuerte prejuicio. Cuando dejamos que este sentimiento negativo nos impida encontrar el valor que toda persona tiene y condicionamos nuestra aceptación a las personas solo porque son distintas a nosotros.

El amor de este hombre hacia Jesús estuvo precondicionado por la aceptación de Jesús hacia una persona que era lo opuesto a él. Muchas veces los cristianos precondicionamos nuestro amor a otras personas por su asociación a alguien o a algo. Creemos, aunque no lo decimos, que si nosotros despreciamos algo a alguien, entonces el Señor también debe despreciarlos. !Pero no hay nada más lejos de la verdad! El Camino de Cristo es un camino de aceptación y amor incondicional.