En Medio de la Tormenta

Cuando ya anochecía, sus discípulos bajaron al lago y subieron a una barca, y comenzaron a cruzar el lago… por causa del fuerte viento que soplaba, el lago estaba picado. Juan 6.16-18

No siempre nos encontramos en medio de la tormenta por estar lejos de la voluntad de Dios. A veces, es su voluntad misma—nuestra obediencia a su palabra—lo que nos lleva al centro de la tormenta. Pero es también en medio de esta que lo vemos venir a nuestro rescate y ayuda.

Los discípulos probablemente están confundidos de que Jesús no haya aceptado ser coronado rey. Después de todo, ellos saben que para esto ha venido. Sin embargo, Jesús quiere demostrarles que su reino es un reino distinto. En el reino de Cristo no hay lugar para protagonismos ni para egoísmos; no hay lugar para jefes ni para dueños; no es un reino de aspiraciones personales, ni políticas, ni de ambiciones desproporcionadas o deseos de grandeza. Es un reino de amor, de gozo y paz, pero sobre todo es un reino de sacrificio personal, de cruz en vez de corona, de sufrimiento es lugar de gloria.

Y por eso los envía en la barca. Para alejarlos de la tentación de hacer de su reino un reino terrenal. Los envía a cruzar el lago aun cuando sabe que se encontrarán con la tormenta… pero esta pequeña tormenta es mucho más fácil de navegar que las tentaciones de poder y la ambición por la riqueza. Muchas veces Dios nos permite ir a través de una pequeña prueba a fin de librarnos de una gran tentación.

Consideremos esto cuando nos encontremos en medio de la tormenta. Es bueno preguntarse cuál es la razón por la que estamos ahí, pero sabe que muchas veces una prueba que Dios permite en nuestras vidas es en realidad una muestra de su cuidado y protección. Al final de cuentas, ninguna tormenta es rival suficiente para nuestro Señor… solo él cabalga la tormenta sobre las alas del viento.