La Prueba de la Fe

El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele. 1 Pe 1.7

Una vida sin fe es una vida sin riesgo, pero es también una vida sin significado. Una vida de fe es una vida de mucho riesgo, pero es también una vida con un legado para la eternidad. Lo que creo es lo que vivo.

En los momentos de prueba todos nos preguntamos cuál es el motivo del sufrimiento. Y aunque es muy difícil dar una sola explicación al respecto, en este pasaje encontramos por lo menos una parte de ese propósito. De alguna manera que no comprendemos, nuestra fe se transforma y purifica en las pruebas. Si hemos de pasar por ellas, Dios va a asegurarse que estas nos beneficien en lugar de que nos destruyan.

Los cristianos siempre hemos estado sujetos a este riesgo. Servir a Dios es ir contra la corriente del mundo, es arriesgar la seguridad y la comodidad por buscar los propósitos del reino de Dios. Muchos cristianos ignoran que el evangelio, por la naturaleza de su mensaje, nos pone en contra del mundo; a las primeras de cambio muchos abandonan la fe para evitar las pruebas, sin darse cuenta que en medio de la prueba Dios hace su mejor obra en nosotros.

Usted puede elegir no arriesgar por una vida de fe. Pero una vida sin fe, aunque exitosa en otras áreas, no tiene significado. Si está en medio de la prueba, permita que Dios termine su obra en usted. Deje que el Señor perfecciones y refine su fe y su caminar con él. Al final de cuentas lo que creo es lo que vivo.