Envíame a Mí

Después oí la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?» Y yo respondí: «Aquí estoy yo. Envíame a mí.» Isaías 6.8

Un hombre caminaba por las calles de una gran ciudad mientras observaba los males que plagaban a la sociedad: niños pobres, hombres y mujeres sin hogar, drogadictos y alcohólicos en las calles, prostitución y violencia. A medida que avanzaba, su frustración y su enojo se hacían mas grandes. “¡Dios, —exclamó. ¿Por qué permites todo esto? ¿Por qué no haces algo?!” Una voz desde muy adentro le respondió. Quizá su conciencia… quizá la misma voz de Dios. “Sí he hecho algo. Te hice a ti.”

Cuántas veces nos quejamos por que las cosas no son como deberían ser y renegamos incluso contra Dios. Le pedimos una respuesta, un milagro… justicia. Nosotros somos el plan A de Dios… y no hay plan B. La iglesia es el agente de Dios en la tierra. Somos los embajadores de Cristo en este mundo.

Desafortunadamente muchos de nosotros hemos pasado de las filas de servicio al departamento de quejas. Hemos dejado la cancha para sentarnos en las butacas. Hemos dejado la lucha para convertirnos en burócratas. La justicia que anhelamos no vendrá desde las altas esferas del poder; no ocurrirá al poner nuestra confianza en las políticas del hombre. La transformación de nuestras familias, de nuestras comunidades, es solo posible cuando aquellos que hemos sido transformados tomamos en serio nuestro papel.

El profeta Isaías se encuentra en un momento decisivo en la vida de Israel, de la misma manera como nos encontramos en un momento decisivo en la historia. El rey ha muerto, el futuro es incierto. ¿Dónde esta Dios y qué está haciendo? Dios está en su trono y está buscando a alguien. La pregunta de Dios no es dirigida directamente a Isaías, pero el responde directamente. Dios sigue haciendo la misma pregunta: “¿A quién enviaré?” Todavía busca a alguien que responda: “Aquí estoy yo. Envíame a mí.”