La resurrección no es un argumento que debemos ganar, o un evento histórico que debemos probar, o una doctrina que debemos creer y defender. Es una historia—la verdadera historia de cómo Dios, en Jesús, derrotó los poderes de la muerte y del diablo, del pecado que nos esclavizaba—y sacó a la luz la vida y la inmortalidad.