Todos vivimos bajo alguna autoridad. Algunos lo reconocen, otros lo resisten, y muchos ni siquiera se detienen a pensarlo. Creemos que somos libres porque tomamos decisiones, pero esas decisiones están guiadas por algo: nuestras emociones, nuestras heridas, nuestras culturas o nuestras creencias. El problema no es estar bajo autoridad… el problema es estar bajo una autoridad que no nos guía a la vida.